¿Qué observamos? 2024

17 / mayo / 2026
2 minutos de lectura

 

A lo largo de 2024, el análisis se centró en una pregunta común: ¿qué tan equitativas, accesibles y resilientes son nuestras ciudades? A partir de distintos temas —agua, género, proximidad y calidad de vida— se construyó una lectura integral del territorio, donde los datos permiten visibilizar desigualdades que muchas veces pasan desapercibidas.

Uno de los ejes más relevantes fue la resiliencia hídrica. El análisis del Sistema Cutzamala y el uso de herramientas como el NDWI evidenciaron una reducción sostenida en cuerpos de agua clave, reflejo tanto de la sequía como de la presión urbana. En paralelo, el estudio de tandeos en la Ciudad de México mostró que el acceso al agua está profundamente ligado a condiciones de marginación, donde no todas las zonas reciben el mismo servicio ni con la misma frecuencia.

Otro eje central fue la equidad de género. Los datos sobre brecha salarial y educativa revelaron que las desigualdades persisten y se intensifican bajo ciertas condiciones, como la maternidad o el paso del tiempo. Aunque la educación reduce parcialmente la brecha, no la elimina, lo que confirma que se trata de un problema estructural que atraviesa distintos ámbitos de la vida cotidiana.

En términos urbanos, la proximidad fue un tema clave. El análisis de la ciudad de 15 minutos en ciudades como Guadalajara, Monterrey y Puebla mostró que vivir cerca de servicios esenciales es una condición excepcional. En todos los casos, solo un pequeño porcentaje de la población habita en entornos realmente caminables, mientras que la mayoría depende de largos traslados para resolver necesidades básicas.

Finalmente, el análisis de calidad de vida —a través del enfoque de habitabilidad y servicios— en Puebla permitió integrar estas dimensiones en una lectura más amplia. Factores como acceso a servicios, entorno urbano y condiciones socioeconómicas se entrelazan, mostrando que la calidad de vida no depende de un solo elemento, sino de cómo estos se combinan en el territorio.

En conjunto, los estudios de 2024 dejan claro que las ciudades no distribuyen de forma equitativa ni los recursos, ni las oportunidades, ni el acceso a condiciones básicas. Entender estas brechas, medirlas y hacerlas visibles es el primer paso para poder transformarlas.

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