¿Qué tan verdes son los centros históricos en las ciudades mexicanas?
Para responderla, se analizaron imágenes satelitales de tres ciudades —Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México— con el objetivo de identificar la presencia de arbolado y entender su relación con la forma urbana. A partir de este análisis, se generaron gráficos que traducen la información en una lectura visual más clara, enfocada en la cantidad y densidad de áreas verdes.
La metodología consistió en transformar las imágenes en composiciones tipo puntillismo, utilizando una escala de tonos verdes. En este sistema, los verdes más oscuros representan una mayor densidad de vegetación, mientras que los tonos más claros indican menor presencia de arbolado. Este tratamiento no solo facilita la comparación entre ciudades, sino que también permite detectar patrones que no son tan evidentes a simple vista en una fotografía satelital convencional.
Los resultados muestran diferencias importantes. En el caso de Ciudad de México, la distribución del verde aparece más homogénea, pero sin núcleos claros de concentración; es decir, la vegetación está presente, pero no estructura el espacio urbano de manera contundente. En contraste, Guadalajara revela una relación más directa entre el arbolado y la traza urbana: los puntos verdes se alinean con plazoletas, andadores y espacios públicos, haciendo evidente cómo el diseño de estos lugares integra la vegetación como parte de su configuración. Por su parte, Monterrey destaca por tener las concentraciones más intensas de verde, con manchas más oscuras que indican mayor densidad de vegetación, especialmente en parques y espacios públicos de mayor escala.
En conjunto, este análisis no solo compara la cantidad de áreas verdes, sino que abre la conversación sobre cómo estas se insertan en la ciudad. Más allá de medir lo “verde”, el ejercicio permite entender si la vegetación actúa como estructura del espacio público o si aparece de forma dispersa, casi residual.